En la época de Miguel Alemán Valdés, se
inició el viaje por la televisión, ese
medio masivo que redefiniría el camino del país y de su sociedad de forma
tajante. Se le encargó al poeta Salvador Novo y a Guillermo González Camarena,
un estudio para definir el rumbo de la televisión. Novo sugirió el modelo
británico, donde “se definía como bien público a los medios masivos y
electrónicos” (Villamil), que se aferraba una programación de temas culturales
para enriquecer el intelecto de las audiencias. Por otro lado, González
Camarena optó por “un modelo de redes privadas apoyado en la publicidad”
(Villamil), el modelo estadounidense, que sigue en pie hasta nuestros días. El
presidente Alemán se decidió por la oferta del inventor de la televisión a
color.
Estos eventos trazaron el camino, no sólo
del análisis de la comunicación masiva en México; también se definió el rumbo
de la sociedad actual, una sociedad dependiente en su totalidad a una pantalla,
que culminaría con una cultura de masas virulenta con vestigios de desastre y
de torpeza. Esto despierta una enorme interrogante: ¿qué hubiera sido si se
hubiera optado por el modelo británico?
La televisión mexicana es un cáncer
inmune a toda iniciativa, el duopolio que gobierna a México goza de un poder
fuera de nuestra imaginación. Su programación es burda y denigrante, y ha hecho
de la información una fotografía editada de la realidad. Sobre este tema habló
Jenaro Villamil en su libro El poder del raiting, y ahora lo parafraseo: la
televisión ha dejado en un segundo plano la búsqueda de información veraz y de
calidad, lo principal es buscar imágenes llamativas, fotografías o video que
capte las miradas de la audiencia. De esta forma las televisoras nos enseñan
algo “real”, puede ser un muerto, un político, un accidente automovilístico,
etcétera; pero no nos enseña la “realidad”, ya que los verdaderos problemas que
se enfrenta el mundo son abstractos y complejos como: el desempleo, el hambre,
la inflación, entre otros.
Las televisoras no tienen ni una pizca de
ética ni de compromiso social; y pareciera que, de igual forma, no tienen un
ápice de amor por su país. Se adornan con sus programas de caridad, como es el
caso del Teletón con Televisa, donde demuestran su bondad y cariño, su
compromiso con la ciudadanía; sin embargo, no son coherentes cuando al día
siguiente nos idiotizan con programas ruines y con temáticas que nos inhiben el
crecimiento. Su único propósito es ensanchar sus billeteras, sin importar las
consecuencias.
Hoy en día escuchamos balaceras todos los
días, el número de muertes va en un acenso constante, el miedo y la inseguridad
nos han llevado a cambiar nuestra forma de vida, hay impunidad, corrupción,
ignorancia, mala educación; y las televisoras locales continúan transmitiendo
programas tan despreciables como “Noches de Futbol”, con Ernesto “Chavana, “Pura
Gente Bien”, con Alfonso DeNigris, donde
impera la burla, lo chapucero, lo más indigno.
Si tenemos tantas personas involucradas
en el crimen organizado, es por una enorme falta de cultura y tanta miseria que
reina en las calles. Gran parte de estos problemas se deben también a la
ambición de los medios masivos de comunicación, donde lo que más importa es el
“raiting” de un programa, dejando lo cultural y lo educativo arrumbado en algún
baúl escondido y con llave. Es por eso que nos vemos plagados de sensacionalismo,
amarillismo, tele-basura y de que el reclutamiento para los cárteles de la
droga sea tan exitoso.
México requiere de empresas comprometidas
con su entorno, y con la sociedad, que su objetivo no sea el desbordar dinero,
sino crear una atmósfera armoniosa; requiere de que su gente debata y comparta
puntos de vista, que utilice los medios alternativos para divulgar sus ideas;
necesita el compromiso de la ciudadanía, que la desidia y la falta de interés
no sean parte de nuestro imaginario; necesitamos que toda la ciudadanía sea
crítica, para convertirse en consumidores exigentes; necesitamos urgentemente
que los monopolios que controlan el mercado de las telecomunicaciones y de la
televisión desaparezcan, permitiendo la competencia, pero sobre todo, que
permita al pueblo escoger mejores contenidos.






